Hay lugares en Colombia que parecen de otro planeta, y los Cerros de Mavicure, en el departamento del Guainía, son uno de ellos. Aquí te cuento todo lo que necesitas saber para planear tu viaje: dónde quedarte, cómo llegar, cuánto cuesta aproximadamente, qué tan seguro es y qué puedes esperar una vez estés allí.
Los Cerros de Mavicure están en mi top 5 de lugares favoritos de Colombia y son una de las experiencias que más recomiendo de mi país. Son tres formaciones rocosas que se levantan de la nada en medio de la selva, en el oriente del país, justo donde la Amazonía se encuentra con los Llanos Orientales. Se llaman Mavicure, Mono y Pajarito y, de verdad, son de esos paisajes que, una vez conoces, no se te olvidan.


Pero lo inolvidable no son solo los cerros, sino toda la travesía: lo remoto que es el destino, las comunidades indígenas que habitan este territorio y la sensación de estar conociendo una Colombia todavía poco explorada por el turismo.
Los Cerros de Mavicure están ubicados en el departamento del Guainía, en el oriente de Colombia, cerca de Puerto Inírida, la capital departamental.
El Guainía es un territorio de transición entre la Amazonía y la Orinoquía colombiana y limita con Venezuela y Brasil. Inírida funciona como uno de los principales puntos de entrada para explorar esta región.
Desde allí comienza el viaje hacia los Cerros de Mavicure, que continúa por el río Inírida hasta llegar a los territorios indígenas donde se encuentran los cerros.


Este no es un destino al que se llegue por carretera. Inírida no tiene conexión terrestre con el resto del país, así que la forma práctica de llegar es en avión.
Por esta logística, muchos viajeros optan por contratar un operador local o una agencia especializada que organice el transporte fluvial, el alojamiento y las actividades, en lugar de armar el viaje por cuenta propia, que puede resultar bastante más complejo de coordinar.
Este es, de pronto, uno de los puntos más importantes de tu viaje, porque la agencia puede definir gran parte de la experiencia que tendrás. Generalmente son varios días de viaje y contar con un operador local significa tener a alguien que coordine los diferentes desplazamientos, actividades y alojamiento.

Hay agencias que organizan viajes grupales en determinadas fechas, o también puedes buscar un tour privado para ti y tu familia.
Nosotros fuimos con Guainía Travel, una agencia indígena local, y fue una experiencia espectacular. Todo estuvo muy bien personalizado y organizado: conocimos Inírida, visitamos los Cerros de Mavicure, nos quedamos en el resguardo El Venado, tuvimos la experiencia de salir en busca del águila harpía y hasta visitamos Venezuela, donde conocimos la Estrella Fluvial, el lugar donde confluyen tres grandes ríos.
Guainía Travel y la Gobernación del Guainía se encargaron de recogernos en el aeropuerto de Inírida y, durante los días que estuvimos en la zona, todo estuvo muy bien coordinado y adaptado a nuestro viaje. Fue una experiencia inolvidable.

Aunque el gran protagonista es el paisaje y los tres monolitos, hay varias experiencias que puedes disfrutar durante una visita. Por eso, recomiendo dedicarle varios días a esta región.


No necesitas ser un montañista experimentado para subir al Cerro Mavicure, pero sí es recomendable tener una condición física razonable. El ascenso es moderado y tiene algunos tramos bastante exigentes, especialmente por la inclinación y el tipo de terreno.
Nosotros empezamos a las 4:00 a. m. para hacer el ascenso de madrugada. A esa hora todavía estaba oscuro y llevábamos linternas, pero empezar tan temprano fue una muy buena decisión: nos permitió evitar gran parte del intenso calor y la humedad de la selva durante la subida. Además, ver cómo amanecía mientras ganábamos altura hizo que la experiencia fuera todavía más especial.

El terreno: aunque al principio puede parecer una caminata sencilla, hay tramos bastante inclinados y partes en las que tendrás que apoyarte en cuerdas instaladas en la ruta para ayudarte a subir por la roca.
La subida: el recorrido combina senderos de tierra, roca y escaleras. Hay algunos puntos donde tendrás que esforzarte bastante, pero se puede hacer con calma y haciendo las paradas necesarias.
La recompensa: durante el ascenso encontrarás diferentes puntos desde donde puedes empezar a ver la inmensidad de la selva y el río. Uno de los puntos más conocidos es La Ventana, desde donde las vistas comienzan a mostrarte por qué todo el esfuerzo vale la pena.
En nuestro caso, tardamos aproximadamente 1 hora y media en llegar a la parte alta, aunque el tiempo puede variar dependiendo del ritmo del grupo, las condiciones del terreno y las paradas.
Y algo que debes tener en cuenta: el calor y la humedad pueden hacer que el ascenso se sienta mucho más exigente de lo que parece desde abajo. Por eso, si puedes elegir, te recomiendo hacerlo muy temprano, como hicimos nosotros.


Guainía tiene un clima cálido y húmedo durante todo el año, con temperaturas habituales de Inírida aproximadamente entre 25 y 29 °C. Por eso, más que buscar una época “perfecta”, conviene tener en cuenta que las condiciones del río y del clima pueden modificar la experiencia.
La temporada de lluvias puede influir en los niveles de los ríos, mientras que durante los períodos más secos pueden aparecer playas de arena blanca alrededor de algunas zonas del río Inírida. Playas blancas en medio de la selva: un paisaje espectacular e inolvidable.

No existe un único precio universal para visitar Mavicure. El costo debe considerar tu vuelo + paquete de tour que contrates que puede variar dependiendo de:

La verdad es que Guainía es un departamento remoto y fronterizo, y como pasa en varias zonas apartadas de Colombia, en el pasado ha habido episodios de conflicto ligados a la minería ilegal y a grupos armados en la región. Pero eso no significa que el circuito turístico hacia los cerros sea peligroso: la experiencia se hace siempre acompañada de guías locales e indígenas, dentro de un corredor que las comunidades y los operadores conocen muy bien, y que es justamente la zona que ellos mismos están impulsando como destino de ecoturismo. Yo me sentí tranquila en todo momento, siguiendo las indicaciones de los guías y sin desviarme del recorrido que ellos proponen.
Dicho esto, como con cualquier destino fronterizo y de selva, lo más sensato es revisar las recomendaciones de viaje vigentes antes de reservar y más que preocuparte por la seguridad, lo importante es entender que estás viajando a una zona remota y con poca infraestructura turística, por lo que conviene viajar organizado, respetar las normas de las comunidades y seguir siempre las indicaciones de quienes conocen el territorio.


Los Cerros de Mavicure son un destino para quienes buscan naturaleza, aventura y desconexión, más que comodidades o lujo. Aquí el turismo es principalmente comunitario, por lo que parte de la experiencia consiste en alojarse en comunidades y veredas donde las condiciones son muy sencillas: no esperes hoteles de lujo ni internet constante. La electricidad puede estar disponible solo durante algunas horas al día, principalmente para cargar dispositivos, y la conexión a internet es limitada o prácticamente inexistente en algunos lugares. Y, aunque al principio puede sentirse extraño estar tan desconectado, creo que precisamente ahí está parte de la magia del viaje: dormir en lugares sencillos, conocer la vida local en el amazonas, navegar durante horas, estar rodeado de selva y ríos y dejar que el ritmo de la naturaleza marque tus días.
Llegar a los Cerros de Mavicure fue mucho más que visitar un lugar bonito. Fue adentrarme en una Colombia remota, inmensa y, por momentos, casi irreal.
Había visto fotografías de esas rocas imponentes y siempre pensé que algún día quería conocer ese paisaje, pero tener estos monolitos de roca frente a mí fue completamente diferente. Recuerdo pensar: ¿cómo puede existir esto en mi país y tan poquita gente lo conoce? y ahí esta la magia, lo remoto e inaccesible del lugar para fines turísticos lo hace muy especial e inexplorado.
El viaje comienza navegando por el río en una voladora, como llaman a estas pequeñas embarcaciones con motor. La nuestra era una lancha, pero en el trayecto veía cómo los locales se transportaban en canoas o curiaras, embarcaciones tradicionales de uso cotidiano, con cascos construidos en madera nativa o láminas metálicas.

El guía me contaba que si te enfermas, así te llevan al hospital; si necesitas hacer mercado, así vas a la ciudad; y dependiendo de dónde vivas, de qué tan adentrada esté tu comunidad en la selva, puede tomarte días de lancha llegar a cualquier parte. Eso me hizo pensar en todas las cosas que damos por sentadas simplemente porque siempre las hemos tenido al alcance, y como en un mismo país hay realidades tan diferentes.
Y después de horas de río y selva, aparecen los Cerros de Mavicure. Y ahí se te olvida todo.
La roca oscura, la selva infinita, el río y el cielo crean un paisaje que ninguna fotografía alcanza a explicar completamente. Es de esos lugares que no solo quieres fotografiar, sino guardar en la memoria.
Nuestro trayecto fue corto, una hora y media, hasta el resguardo El Venado, donde nos quedaríamos en unas casas locales. Todo era sencillo: camas con toldillo para los mosquitos, un solo lugar para cargar los electrónicos y un comedor comunitario. Me recordaba a la vida en el campo que alguna vez mi papa me llevo a donde vivió, muy sencilla.
Este viaje fue mi primera vez en el Amazonas colombiano, pues esta región también hace parte de la Amazonía. Conocí la vida indígena de las comunidades Puinave y Curripaco, comiendo pescado en el desayuno, el almuerzo y la cena, porque es la comida más accesible ahí. Durante varios días conocimos una vida de Colombia muy distinta a la de las ciudades, y una conexión con la naturaleza muy especial.



Tuve la experiencia de ver el proceso de la yuca brava desde su siembra hasta su elaboración y preparación para comerla, nadé en un río tan rojo que impresionaba, a la distancia vimos delfines rosados, conocí que dentro de la selva a veces se forman playas de arena blanca, y cada amanecer y atardecer en ese lugar fue inolvidable.
Mavicure me recordó que no todo viaje tiene que ser cómodo para ser extraordinario. Aquí no vienes buscando carreteras perfectas ni grandes hoteles. Vienes a desconectarte, navegar durante horas, conocer comunidades y descubrir un paisaje que parece imposible.
Y eso fue, quizás, lo que más me gustó: entender que detrás de esa fotografía espectacular de los Cerros de Mavicure existe un río, una selva, un territorio, tradiciones ancestrales y, sobre todo, las personas que hacen que este lugar sea mucho más que un paisaje bonito. ¿Qué si recomiendo visitar los cerros de Mavicure? Por supuesto, es de los lugares de Colombia que nunca olvidaras.
📍 Lugar: Cerros de Mavecure, Guainía, Colombia
🏙️ Punto de partida: Inírida (a esa ciudad debes volar)
🌊 Acceso: principalmente fluvial
⛰️ Formaciones: Mavecure, Mono y Pajarito
🌎 Región geológica: Escudo Guayanés
🌡️ Clima: cálido y húmedo
🛶 Tiempo aproximado desde Inírida: 2 horas por vía fluvial
👥 Comunidades: principalmente pueblos indígenas de la región, incluyendo Puinave
🥾 Actividad principal: senderismo y ascenso al cerro
🌿 Tipo de turismo: naturaleza, aventura, cultural y comunitario.